
Primera parte de una serie de cuatro artículos en los que Vero Rubio profundiza en la relación histórica entre la música clásica y la tradicional.
Enlace al artículo:
Artículo en castellano:
Del chigre al auditoriu (I): Renacimiento, Barroco y Clasicismo
La música académica y tradicional están aparentemente muy alejadas, pero ha habido momentos en los que se han cruzado, surgiendo piezas muy importantes de la música asturiana e internacional. En este reportaje en cuatro artículos se ahondará en esta cuestión, empezando por la primera parte: del Renacimiento al Clasicismo.
Siento un amor profundo por la «música académica», la de transmisión escrita, con autor reconocido, sujeta a las modas y a los gustos de cada era; también llamada clásica, aunque «clásica» haga estricta referencia nada más a la del Clasicismo. Y también siento un profundo amor y respeto por la «música tradicional», de transmisión oral, sin autor reconocido, y que como decía Béla Bartók: “es un fenómeno de la naturaleza, que aparece espontáneamente, nace de lo cotidiano y de las necesidades de la vida… y sigue leyes internas que no dependen de las modas (ni de la industria, -añado yo-)”.
Y por la honda distancia a la que aparentemente suelen vivir una de otra, escribo este artículo: una lista de momentos en los que innegablemente se han cruzado, surgiendo de ellos algunas de las piezas más hermosas que conozco.
Porque esa distancia no es cierta, y la tendencia que tiene la música académica a sentirse importante no hace otra cosa que poner una venda en los ojos a quien no tiene interés por ver más allá. Y la tendencia de la música tradicional a sentirse pequeña, hace que se pierda un saber que si no se trata con cariño, no tiene reemplazo. Y con ambas actitudes salimos perdiendo. No es más sabio el que más libros escribe, como no tiene más razón quien habla más alto.
En cuatro artículos breves, hablaré de cómo a lo largo de la historia, músicos relevantes han bebido de la música tradicional para medrar, y a la contra, de la respuesta en espejo que este genera.
Renacimientu (1450-1600), Barrocu (1580-1750) y Clasicismu (1750-1820):
Durante los muchos siglos que estos períodos duraron, lo habitual era que los grandes compositores cogieran una melodía tradicional o popular e hicieran con ella un «tema y variaciones», es decir, presentar melodía la primera vez que se toca, e irla variando, complicando a cada vuelta que se repita.
The irish march (1591) – William Byrd (1540-1623)

La canción de los 1000 años.
Compositor británico. Dentro de la suite para virginal ‘The Battell’, Byrd recogió a la manera de «tema y variaciones» esta melodía compuesta en origen para desfilar contra la Batalla de Clontarf (1014).

Es guapo de ver como Planxty (Liam O’Flynn, Andy Irvine, Dónal Lunny y Christy Moore), grupo mítico e imprescindible de la música folk irlandesa, incluyó esta pieza en su último disco de estudio, Words and Music, de 1983.
Folías Gallegas (1732) – Santiago de Murcia (1673-1739)

El hit que duró 250 años.
Lo de las folías fue un bombazo, y desde el 1500 al 1750 no había salón de la corte europeo o taberna en la que este temazo no sonara. De origen español o portugués, pero fue un español el primero en ponerlo en papel, Alonso Mudarra, y con el tiempo las empezaron a llamar ‘Folías d’Espagne’. Pasaron por manos de compositoras como Kapsperger, Lully, Marin Marais, Scarlatti… aunque las fueron las de Corelli las que alcanzaron más renombre.
La pervivencia por tantos siglos venía de la libertad, de que en realidad era un esquema armónico en el que poder poner tu gusto, tus capacidades y las ganas que estuvieras ese día, y en cada vuelta hacías lo que querias.
Y hoy no os las traigo famosas, os traigo otras que se inspiran en esas, y veréis como os suenen a cerquina de casa… ‘Folías Gallegas’ de Santiago de Murcia, guitarrista y compositor español.
La Polonaise en Re mayor (1729) – Georg Philipp Telemann (1681-1767)

El primer folki.
El primer folki. Telemann estaba loco por el «estilo polaco» y por la «improvisación bárbara», que no era otra cosa que lo que tocaban los músicos «tradis» de las tabernas polacas a las que le gustaba ir de comedia. Él mismo dijo: «cualquiera que prestara mucha atención podría conseguir en ocho días suficientes ideas musicales para toda una vida».
Y a lo largo de su carrera integró esta «frescura» en su música sofisticada barroca, y muchas veces abandonó toda esa «sofisticación barroca» porque la frescura bien llevada, se disfruta.
Carolan’s Farewell to music (1738) – Turlough Carolan (1670-1738)

El maestro de maestros.
Arpista y cantante irlandés, ciego por la viruela desde los 18 años, iba de pueblo en pueblo y de casa en casa, recogiendo música y escribiéndola; podían retrasar una boda esperando a que él llegara. Ya en vida tenía detractores, decían que estaba ‘demasiado influido por el barroco y por su amor por la música de Corelli’, pero mezcló ambas corrientes a su manera, la académica de su época y la tradicional, dejando más de 200 melodías escritas (sin armonizar), un trabajo irremplazable, y en la actualidad tocan su música tanto músicos académicos como músicos del entorno tradicional.
Del Clasicismo, no hablaremos, tanto amor por el nuevo hizo que se usara menos lo que ya había, aunque Haydn, obligado a estrenar casi todas las semanas una pieza nueva, sí tiró de la tradición para nutrirse; y en realidad todos, grandes y pequeños, han seguido inspirándose en ella, porque lo bien hecho, bien parece.
Seguimos la semana que viene con el siglo XIX, Romanticismo y Nacionalismos, aquí empezó otra manera de hacer cosas que llega hasta nuestros días.